Un buen traductor se encontrará quizá varias veces ante el dilema de especializarse en un solo tema (y por lo tanto, de alejarse un poco de todos los demás) o de ampliar su espectro en función de la variedad de textos que lleguen a sus manos. Entre más trabaje en un solo ámbito, mayor será su conocimiento y dominio del mismo y el resultado será más precisión y eficacia al momento de traducir.

Estas dos características son referentes importantes a partir de las cuales se debe evaluar una traducción, pues, ante el amplísimo menú de posibilidades que se abren al traducir una sola frase o, incluso, una sola palabra, lo más importante al final es que el mensaje se transmita con precisión en la lengua de llegada.

Los traductores especializados no solo son capaces de comprender las particularidades del texto original (terminología, finalidad, medio por el que se hará conocer, etc.), sino que, además, saben expresarlo en función de esas particularidades y con la naturalidad que exige la lengua a la que ha de traducirse.

Es por ello que algunos de los rasgos del traductor especializado son la continua búsqueda de capacitación en la materia que aborda (si es un traductor especializado en textos jurídicos, se mantendrá al tanto de las reformas al código penal, por ejemplo), la comprensión de las realidades de las lenguas con las que trabaja (para que la traducción no carezca de contexto) y, sobre todo, la actualización permanente en cuestiones lingüísticas como la terminología del campo que traduce.

Así, toda persona que busque obtener los mejores resultados en la traducción de sus textos especializados debe confiarlos a expertos que cuenten con una sólida formación profesional.